El turismo agrícola y sus beneficios místicos

Quién iba a pensar que los alimentos que consumimos a diario como los granos, la sal o el azúcar, más una serie de plantas que se cultivan como el trigo, arroz, entre otros no sólo se confirman como parte u de un proceso agrícola o ganadero, sino que también son empleados como una manera ancestral de atraer las energías del universo para sanar el alma a través de ritos, oraciones y ofrendas, en donde se cura desde el mal de ojo en bebes, hasta hacer que una persona regrese a nuestras vidas jurando amor.

Y más allá de que puedan ser alimentos que se producen a mayor o menor escala a nivel mundial para el consumo humano en cuanto a alimentación se refiere, lo más curioso es que conjuntamente con los rituales, ellos forman parte de la normalidad de muchos lugares. Tan normal como ir al mercado a comprar cebollas, ir con una amigo por un café, o quizás ir al dentista. Quizás no sea un tema que a diario se toque, pero que si de casualidad se hace, inesperadamente la gente que menos piensas tiene alguna historia que contar al respecto.

Hay quién su hija fue curada por una señora de su localidad, y que es mejor que ir al médico. O si se te ocurre hablar con alguna amiga de la familia, posiblemente ella te cuente que una de sus abuelas solía hacer medicina contra los alojamientos, y que además una vez ella se ofreció a enseñarle pero ella no aceptó. Pero también podemos tropezaremos con un agroturismo en medio de algún pueblo o montaña en donde algún tendero resulta ser bastante aficionado a estas cosas, y se encargará de explicarnos infinidad de curiosidades sobre las plantas que son empleadas en la preparación de amuletos contra el mal de ojo, y que estas suelen potenciar su eficacia si son recolectadas la noche de San Juan.

Para quienes aman la cocina y una alimentación saludable, sus elementos también resultan esenciales para canalizar energías, plantas como por ejemplo la milenrama, la ruda, el poleo, el verbasco, el romero, la verbena o el hipérico son quizás algunos de los vegetales que una vez secados pueden ser cocidos en redzèdas, pequeños saquitos que posiblemente pueden proteger del mal de ojo a quien los lleva.

Y no sólo los curanderos tienen la posibilidad de realizar este tipo de protección o amuletos, sino que su confección puede ir más allá de las manos femeninas, hasta frailes que generalmente los preparan para niños recién nacidos, aunque dichos saquitos rellenos de hierbas aromáticas y bendiciones, en diversas oportunidades ejercen su función protectora incluso sin llevarlos encima: basta que permanezcan cerrados.

Este universo de creencias no son exclusivas de un lugar, ya que en algún momento de la historia, similares ideas han estado ampliamente extendidas al menos a lo largo y ancho del Mediterráneo, África, Medio Oriente o India, sólo por hacer mención de unos pocos ejemplos. En esos lugares, existen otras plantas, otros objetos, otras situaciones que han desempeñado un rol protector, como pasa con el índigo, la alheña (Lawsonia inermis), o el ajenjo. Y cuando todas estas protecciones no dan resultado, es cuando entre en escena otros rituales con recetas que incorporan vegetales como el arroz, la alharma (Peganum harmala, también llamada ruda siria) o incluso el olíbano.

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